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La marcarización del ser: un análisis ontológico y simbólico del yo como marca en la era postdigital

  • Foto del escritor: Brand Router
    Brand Router
  • 6 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

El presente artículo examina el fenómeno contemporáneo de la marcarización del ser, entendido como el proceso mediante el cual los individuos adoptan las lógicas, estructuras y lenguajes propios del branding para proyectar y sostener su identidad en el espacio público. En contraposición a la “humanización de marca”, que busca dotar a las marcas de rasgos humanos, la marcarización describe el movimiento inverso: la transformación del sujeto humano en marca. A partir del enfoque metodológico Landing Legal Branding y del marco conceptual del sistema Brand Router, este análisis aborda la marcarización como un proceso de configuración simbólica, psicológica y ontológica que redefine la noción misma de identidad, autenticidad y valor en el ecosistema comunicacional contemporáneo.




Del sujeto comunicante al sujeto marcario

La historia reciente de la comunicación muestra un desplazamiento progresivo desde la producción de mensajes hacia la producción de identidades. En las últimas décadas, el branding ha dejado de ser una práctica exclusivamente empresarial para convertirse en una gramática cultural y existencial. Las personas ya no se limitan a expresarse: se diseñan a sí mismas como proyectos comunicables, coherentes y medibles.

Este fenómeno, que aquí denominamos marcarización, se presenta como una de las mutaciones simbólicas más significativas del siglo XXI. Mientras que el marketing tradicional se preocupaba por posicionar productos, la cultura digital ha extendido sus principios hacia la construcción del yo. Las redes sociales y la economía de la atención han hecho del individuo un nodo de valor dentro de un ecosistema narrativo global, donde la visibilidad se convierte en sinónimo de existencia.

La marcarización, en este sentido, es el proceso por el cual el ser humano asimila las lógicas del branding como forma de autocomprensión y autopresentación, adoptando estrategias de posicionamiento, coherencia visual, narrativa de propósito y segmentación de públicos. Es, en síntesis, la conversión de la identidad en producto simbólico.


La inversión del paradigma: de la humanización a la marcarización

Durante las últimas dos décadas, el discurso del branding ha girado en torno a la idea de “humanizar” las marcas. Esta tendencia responde a la necesidad de construir relaciones más auténticas y empáticas entre las organizaciones y sus públicos. Sin embargo, paralelamente, se ha producido un proceso inverso: la marcarización del humano, mediante la cual los individuos incorporan los valores estructurales de las marcas (consistencia, diferenciación, propósito, reputación) como elementos constitutivos de su identidad personal.

Este desplazamiento produce una inversión de la relación tradicional entre marca y sujeto. En la humanización de marca, el sistema simbólico de la empresa busca aproximarse al lenguaje emocional de las personas; en la marcarización, el individuo asume los códigos técnicos de la marca para sobrevivir dentro del ecosistema digital. El resultado es un nuevo modelo ontológico donde la identidad deja de ser vivida como experiencia para convertirse en una estrategia de visibilidad y coherencia narrativa.

Fundamentos metodológicos: el enfoque Landing Legal Branding

El modelo Landing Legal Branding (LLB), desarrollado dentro del sistema Brand Router, permite abordar la marcarización desde una perspectiva integral que articula lo simbólico, lo legal y lo comunicacional. En este enfoque, el proceso de construir una marca —sea corporativa o personal— se concibe como un acto de aterrizaje de conciencia, donde el individuo o la organización traducen su esencia en un sistema de signos regulados, coherentes y comunicables.

El LLB plantea que toda marca es una entidad jurídica, estética y narrativa simultáneamente, y que la comunicación efectiva surge cuando estos tres planos se encuentran alineados. Aplicado al fenómeno de la marcarización, este modelo permite entender cómo el ser humano actual no solo busca ser reconocido socialmente, sino también legitimarse simbólicamente dentro del mercado del significado.

El acto de marcarizarse implica, por tanto, una legalización simbólica del yo: la persona traduce su identidad interior en estructuras codificadas —nombre, imagen, discurso, propósito— que pueden ser reconocidas, valoradas y replicadas por otros.

Dimensión psicológica: el yo como signo y el inconsciente marcario

Desde una perspectiva psicológica profunda, cercana a la tradición de Carl Gustav Jung, la marcarización puede interpretarse como una nueva forma de individuación mediada por el signo. En lugar de emerger desde el inconsciente a través del símbolo arquetípico, la identidad contemporánea se construye mediante símbolos diseñados conscientemente para comunicar pertenencia, estilo y valor.

El peligro de este proceso radica en la disociación entre el yo simbólico y el yo experiencial: el individuo termina habitando su representación más que su existencia. Este fenómeno genera una identidad performativa, donde la autenticidad se evalúa no por su profundidad interior, sino por su coherencia comunicativa.

En otras palabras, el sujeto deja de preguntarse quién soy para preguntarse cómo me perciben. La marcarización transforma el arquetipo en estrategia y el mito personal en discurso de posicionamiento.

Dimensión ontológica y comunicacional: el ser como narrativa

La marcarización del ser redefine el concepto de autenticidad en la sociedad postdigital. Si en la modernidad la autenticidad se asociaba a la interioridad y a la expresión libre del yo, en la era de la comunicación global esta autenticidad se mide en términos de consistencia narrativa y estética. El ser auténtico no es el que se muestra tal cual es, sino el que mantiene coherencia entre su discurso, su imagen y su propósito.

Desde el punto de vista ontológico, esto implica que la identidad se ha desplazado de lo vivencial a lo narrativo. El individuo ya no es una experiencia que se expresa, sino un relato que se administra. La vida misma adopta la estructura del branding: un propósito central, una propuesta de valor y una estrategia de comunicación.

En el marco del sistema Brand Router, esta transformación no es necesariamente negativa, sino inevitable. La marcarización puede entenderse como una forma evolutiva de consciencia simbólica, siempre que se mantenga un equilibrio entre la coherencia del mensaje y la autenticidad de la experiencia.

 Implicaciones éticas y existenciales

La marcarización plantea desafíos profundos para la ética y la espiritualidad contemporáneas. En un entorno donde el valor se mide por la visibilidad, la existencia se vuelve cuantificable. Este fenómeno produce lo que podría denominarse fatiga identitaria, un estado de vigilancia constante sobre el propio yo proyectado.

Desde el enfoque Landing Legal Branding, se propone una práctica consciente de la marcarización: reconocerla, asumirla y administrarla sin perder de vista su naturaleza simbólica. La marca personal, cuando se gestiona con responsabilidad, puede convertirse en un instrumento de coherencia y autoconocimiento; pero cuando se absolutiza, termina sustituyendo al ser.

El desafío consiste en enrutar la marca hacia la autenticidad, no hacia la simulación. La marca, en su sentido más elevado, debe funcionar como una interfaz entre el alma y el mundo, no como una máscara que las separa.

La marcarización del ser es un fenómeno estructural del siglo XXI que redefine la relación entre identidad, comunicación y existencia. Lejos de ser una simple tendencia del marketing personal, representa una mutación cultural profunda: la internalización del lenguaje de las marcas como gramática del yo.

El sistema Brand Router, a través de la metodología Landing Legal Branding, ofrece un marco para comprender y orientar este proceso desde la consciencia simbólica y la responsabilidad comunicacional.

En última instancia, marcarizarse no significa venderse, sino reconocerse como signo dentro de una red de significados. La tarea del sujeto contemporáneo es aprender a habitar su propia marca sin disolverse en ella; construir un relato coherente sin sacrificar la espontaneidad del alma.

Porque si todo ser es señal, la verdadera sabiduría no consiste en brillar más, sino en transmitir con verdad la frecuencia del propio sentido.


 
 
 

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